Alma temblorosa, recuestate aquí (en mi hombro) sientate en la arena, observa el mar, mira la espuma del agua, siente el viento. Respira profundo y recorre con la vista el horizonte, de lado a lado. Perdamos el tiempo mirando el sol desaparecer.
Corazón mío, si encuentro a ese maldito dios que permite que tus mejillas se humedezcan, juro que recordará para siempre que las mujeres bonitas no deben llorar.
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